ESCRITOS
Valencia, España Julio 2024
Pero esto que te digo era antes…
Cuando los dos queríamos una vida por el mundo y estábamos abiertos a lo nuevo, a lo desconocido.
Cuando nuestra curiosidad compartida y nuestras ganas de descubrir nos llevo a viajar a nuevas culturas…territorios, idiomas, gentes, músicas, tradiciones.
Experiencias que nos transformaron y a la vez fragmentaron nuestras creencias. Perdimos la identidad - lealtad a nuestra cultura, nuestras raíces, pero ganamos otras cosas.
Nuestro árbol de vida construido por 25 años tuvo frutos de otros lugares. Y esos frutos tienen: nombres, palabras, emociones, sensaciones.
Y Cómo si fuéramos jardineros de esta vida por el mundo, elegimos quedarnos con los mejores frutos de ese jardin.
De Berlín. Su diversidad. Su resilencia. la caída del muro.Las marcas de la guerra fría. La austeridad y el orden.
De madrid. Sus terrazas. Sus días interminables de sol. El disfrute de la vida en las pequeñas cosas. El buen corazón de su gente a pasear de su tozudez . Sus marcas de la guerra civil y los años de Franco.
De Buenos Aires. Sus edificios. Su cultura. Su pensamiento crítico. La creatividad de su gente para reinventarse y levantarse de gobiernos tan malos, todo el tiempo.
De Singapore, su eficacia, su progreso, estar cerca de la espiritualidad de oriente. Y Un líder que los dirigió ( oprimió ? ) por 50 años.
De Brasil. La sonrisa y la Alegría de su gente. Su positividad. Sus playas. Su música. Un pueblo pobre y analfabeto que prefiere danzar y sonreír, sin saber que hacer o cómo cambiar lo que están padeciendo.
Pero eso que te digo, que te escribo era antes…
Ahora, decidisteis plantar otro árbol. Un tipo de árbol que se nutre de otras cosas, del miedo, de la inseguridad, el de la vanidad y el capricho. Que no escucha los pájaros, los sonidos del viento, que no se deja mojar por la lluvia.
Has desconocido que nuestro árbol de vida por el mundo, existe por su biodiversidad y gracias a eso se nutre, crece, da sombra, da oxígeno, da posibilidad de reposo y descanso.
Pero esto que te escribo era antes…
Ahora no estamos cuidando del mismo árbol, yo sigo eligiendo el árbol que soñamos.
Tal vez tu árbol hoy, sea otro, el que crece en el fondo de una casa, o en la terraza de un apartamento.
Sé que el mío está dentro de un bosque, juntos con otros, dejandose acariciar por el viento, recibiendo el agua de lluvia y escuchando el canto de los pajaros, mientras lo rayos del sol se asoman cada mañana entre sus ramas.
São Paulo, 23 de octubre 2024
La más dolorosas de las muertes es mi propia muerte en vida.
¿Y si me animo a cambiar lo conocido y voy hacia lo nuevo?
¿Quién soy sin todo lo que es-era conocido hasta ahora?. Sin mis lugares, mis casas, mis objetes, mis amigos, hermanos, familia.
Aún no lo sé y me pregunto, ¿qué muere?
Esas mesas de navidad llenas de gente (de familia elegida y no elegida);
Esos cumpleaños festejados con amigos de todas las etapas de mi vida ( amigos-hermanos, amigos-conocidos, amigos-nuevos);
Esas calles conocidas por donde caminaba y podía perderme sin miedo;
Esas risas, abrazos, complicidad y peleas con mis hermanos;
Esos cafés compartidos con compañeros de laburo, de la facu, amigas de la infancia.
Esas mesas de fin de año que mamá decoraba tan bien mientras papá asaba el lechón y juntos nos sentábamos por horas a conversar, comer y a tomar vino tinto;
Esos viajes por el mundo, junto a Diego y las chicas. Tantos paisajes, los arrozales de Bali, las montañas de Sapa, la muralla China, el Taj Mahal, los atardeceres en Uruguay.
Esas reuniones en las escuelas, aprender nuevos idiomas, sistemas educativos, la pasión de sus profesores, la transformación de mis hijas al aprender lo nuevo, los actos de fin de año, Coni disfrazada de la Virgen María, en el cole de Madrid, Euge disfrazada de Dama Antigua, en el cole de Buenos Aires, las graduaciones de primaria, de secundaria, sus mejores amigas, hermanas del alma, encontradas en las ciudades donde vivimos;
Esos viajes en coche de Brasil a Uruguay los últimos veranos; la ruta, las risas, las caras de embole de las chicas por ese viaje tan largo, Diego enseñándole a Claudemir algunas canciones, leyéndole “datos de interés” sobre las ciudades que pasamos a la vera del camino. Las llegadas a la casa de mi padre. Los abrazos.
Esas escapadas en familia a las playas del litoral paulistano armar bolsos con un par de bikinis, toallas y las hawaianas y salir hacia Riviera de São Lorenzo, la casita de Iara.
Esas cenas con Diego, en familia donde veíamos juntos a las chicas crecer, donde había dialogo, discusiones, amor y diferencias.
Y entonces me pregunto:
¿Dónde armaré mi nuevo hogar?
¿Cómo serán esos nuevos viajes en familia?
¿Quién se despertará junto a mi todas las mañanas?
¿Cómo serán las navidades y finales de año sin papá, sin mamá, sin mis hermanos?
Me dicen:
“Todo eso no muere se transforma, dale tiempo”. Pero siento que esa frase aún no es mía. Todavía lloro el dolor de la perdida, de lo vivido. De esa vida que ya no es mi vida.
Sé que:
Hice cosas que no quise por no saber decir que no.
Hice cosas que quise y de las cuales me arrepiento.
Hice cosas que quise y de las cuales me enorgullezco.
De lo nuevo, sé muy poco:
Sé que me siento viva cuando me atraviesa la experiencia humana; cuando escribo en la quietud de la mañana, cuando medito, cuando práctico Reiki, cuando le doy espacio a mi creatividad y desde ahí nacen mis nuevos proyectos, cuando me permito sentir, cuando me emocionan una mirada, una sonrisa, un abrazo, un “¿cómo estas?”, un “te quiero”, un “te extraño”…. los pequeños actos,
Sé que elegí vivir en diferentes ciudades del mundo hace ya muchos años.
Sé que tengo enorme curiosidad por lo nuevo, lo desconocido.
Sé que inspiro a otros a seguir su propio camino.
Sé que amo ser atravesada por lo diferente y dejar que eso nuevo me expanda.
Sé que soy una eterna aprendiz.
Sé de mi versatilidad, de mi poder de transformación.
Sé que respeto inmensamente la sabiduría de los mayores.
Sé que adoro trabajar en comunidad, en búsqueda de un mundo mejor.
Sé que necesito escuchar nuevas voces, nuevos pensamientos.
Sé que habito el territorio sagrado del silencio.
Y también sé que la muerte no existe,
porque el alma vive para siempre,
y porque yo vení aquí, a este mundo, a ofrecer mi
corazón.
¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Tanta sangre que se llevó el río
Yo vengo a ofrecer mi corazón
No será tan fácil, ya sé que pasa
No será tan simple como pensaba
Como abrir el pecho y sacar el alma
Una cuchillada del amor
Luna de los pobres siempre abierta
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Como un documento inalterable
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Y uniré las puntas de un mismo lazo
Y me iré tranquilo, me iré despacio
Y te daré todo y me darás algo
Algo que me alivie un poco más
Cuando no haya nadie cerca o lejos
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Cuando los satélites no alcancen
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Y hablo de países y de esperanzas
Hablo por la vida, hablo por la nada
Hablo de cambiar esta, nuestra casa
De cambiarla, por cambiar nomás
¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Fito Paez - Giros
